EFESIOS 4:22

 "En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está corrompido por los deseos engañosos, renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad."

 

Esto quiere decir que tenemos que quitarnos el ropaje de la vieja naturaleza, y ponernos el ropaje de la nueva naturaleza, de la misma manera en que cambiamos nuestra ropa. Es como quitarse ropa vieja y sucia, y ponerse ropa nueva y limpia. Pero este cambio de ropa no puede hacerse con el esfuerzo propio, ni por procurar imitar la conducta de Cristo. Esto fue hecho para el pecador que cree por la muerte de Cristo. En este sentido, somos como niños que no podemos vestirnos a nosotros mismos. Como cristianos, nunca alcanzamos el momento en que podemos hacerlo, y no necesitamos intentarlo. Porque ya ha sido hecho por nosotros. En la epístola a los Romanos 6:6, se nos dice que nuestra vieja naturaleza ya ha sido crucificada en la muerte de Cristo. Dice el citado pasaje: "Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado". En vista de que nuestra vieja naturaleza ya ha sido crucificada con Cristo, debemos quitárnosla en el poder del Espíritu Santo. Esto no significa que la vieja naturaleza ha sido eliminada para siempre de nuestra vida. No nos libramos de ella. Pero no debemos vivir de acuerdo con ella; es decir, que no tenemos que permitir que controle nuestras vidas.

 

Por otra parte, tenemos una nueva naturaleza. Éste es el resultado de la regeneración por el Espíritu Santo. Cualquier persona que esté unida a Cristo, es una nueva criatura. Tenemos que vivir en esa nueva naturaleza, en esa nueva persona, en esa nueva creación. Ésta es, pues, una repetición del mensaje principal de la carta a los Romanos.

 

Y como dijo Pablo en este versículo 24, este nuevo hombre, esta nueva naturaleza ha sido creada a imagen de Dios, es decir, según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Ésta es la justicia imputada a nosotros por Cristo, y todo ello consecuente con el carácter santo de Dios. Ya que hemos sido declarados justos, y estamos unidos a Cristo, sentados en las regiones celestiales, nuestro andar, nuestra vida aquí en la tierra tendría que corresponder a nuestra posición.

 

Estimado oyente, esa nueva naturaleza de la cual hemos hablado, resultado de la acción del Espíritu Santo en la vida, está a disposición de todos aquellos que se convierten en hijos de Dios por haber aceptado por la fe el único camino que conduce a Dios, el único Salvador, el Señor Jesucristo.